
EL ESPIONAJE OCULTO DEL PORFIRIATO
La investigación del historiador Leonardo Ríos Vázquez sobre el sistema de espionaje en la frontera norte y el Bajío entre 1877 y 1892 desvela nuevas facetas del control político durante el régimen de Porfirio Díaz. “El espionaje es inherente a cualquier Estado para anticiparse a amenazas y mantener el poder”, afirma.
El trabajo recibió en 2024 el Premio Gastón García Cantú del INEHRM —dependiente de la Secretaría de Cultura— por su solidez metodológica y contribución al conocimiento del porfiriato. Se apoya en documentos de fuentes clave: la colección Porfirio Díaz, el archivo del general Bernardo Reyes, el Archivo Histórico de la Sedena y el fondo de Rafael Chousal, secretario del dictador.
“Un espía podía ser cualquiera: militar, cónsul, periodista, criminal o incluso músico que reportaba en conciertos quién asistía y de qué hablaba”, explica Ríos Vázquez. “Lo relevante es que fue Díaz quien dirigió directamente la red, pidiendo cualquier rumor, sea verdadero o no”.
La idea surgió de una duda: “Se decía que la policía rural era sus ojos y oídos, pero con tres mil efectivos no podían cubrir todo el país. No encontré respuestas suficientes y ahí nació el proyecto”.
“La dificultad no fue la falta de fuentes, sino su abundancia. A veces los espías aparecían solo como ‘mi agente’; el reto fue reconstruir sus identidades”, añade.
Entre los hallazgos destaca una carta de 1892 en la que Bernardo Reyes informaba a Díaz de una célula de espionaje en Estados Unidos: “Revela quiénes formaban parte, cuánto se les pagaba y sus funciones: periodistas, policías texanos e incluso una agencia privada”.
Sobre el premio, Ríos Vázquez comenta: “Fue una gran satisfacción. No esperaba tanta resonancia. Lo más valioso fue la retroalimentación de historiadores a los que admiraba desde mis lecturas”.







