Ajonjolí: un tesoro gastronómico global con sabor mexicano

El ajonjolí, una semilla ancestral originaria de la India y África, ha trascendido fronteras para convertirse en un ingrediente esencial en la gastronomía mundial, con un arraigo particularmente fuerte en México.

Conocido científicamente como Sesamum indicum, el ajonjolí se presenta en variedades de color pajizo, dorado y negro. Su versatilidad lo ha posicionado como un componente clave en la panadería, repostería y, de manera destacada, en la cocina mexicana. Desde el emblemático mole hasta innovadoras fusiones asiático-mexicanas, el ajonjolí aporta un toque distintivo y nutritivo.

En México, el cultivo de ajonjolí ha experimentado un auge significativo. En 2024, se registraron 64,409 hectáreas cultivadas, con una producción total de 44,112 toneladas. Los estados de Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Sinaloa lideran la producción nacional, generando un valor estimado de 833 millones 941 mil 820 pesos.

Más allá de su sabor, el ajonjolí es reconocido por sus propiedades nutricionales. Rico en calcio, hierro, magnesio, zinc, Omega-3, Omega-6, proteínas y antioxidantes, su consumo contribuye a fortalecer el organismo y reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Se puede disfrutar en ensaladas, aderezos, arroces, pastas, salsas, licuados y yogurt, así como en sales y aceites para realzar el sabor de diversos platillos.

El ajonjolí no solo enriquece la gastronomía, sino que también fortalece la economía de las comunidades agrícolas mexicanas. Su creciente demanda a nivel nacional e internacional impulsa la producción y genera oportunidades para los productores locales.